Santa Fe, Domingo 28 de mayo de 2017

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30-04-2016

39 Años de la Lucha de las Madres de Plaza de Mayo

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Este 30 de Abril, se cumplen 39 años de la primera ronda de Plaza de Mayo, donde madres de detenidos y desaparecidos reclamaban tener una audiencia con el presidente de facto, el Dictador Jorge Rafael Videla, para saber que había pasado con sus hijos. En aquellos aciagos días el grupo inicial de madres estaba esperando que las atendiera el secretario del Vicario Castrense. Una de ellas, Azucena Villaflor de De Vincenti, propuso entonces, “Individualmente no vamos a conseguir nada. ¿Por qué no vamos todas a la Plaza de Mayo? Cuando vea que somos muchas, Videla tendrá que recibirnos”.

Entre aquellas primeras Madres estuvieron además de Azucena, Berta Braverman, Haydée García Buelas, María Adela Gard de Antokoletz, Julia Gard, María Mercedes Gard y Cándida Gard, Delicia González, Pepa García de Noia, Mirta Baravalle, Kety Neuhaus, Raquel Arcushin, Antonia Cisneros, Pilar de Caimi y Ada "Cota" Feingenmüller de Senar. Al viernes siguiente aparecieron más madres, entre ellas Hebe de Bonafini, de la ciudad de La Plata. Desde entonces los jueves de 15:30 a 16:00 hs por ser un día y una hora en la que transitaba mucha gente por la Plaza, ellas darían un ejemplo al mundo de protesta pacífica  en grupo y caminando, para que los policías que custodiaban la plaza  no pudieran detenerlas al estar vigente la prohibición de reuniones debido al reinante Estado de Sitio. Marchaban de a dos en fila y en ronda porque estaban prohibidos los grupos de tres o más personas.
 
Dadas esas condiciones, comenzaron las marchas alrededor de la Pirámide de Mayo, y para reconocerse, comenzaron a usar un pañuelo blanco en la cabeza hecho en un principio con tela de los pañales que se usaban para bebés, representando así a sus hijos ausentes. Ese pañuelo se convirtió en su símbolo. 
 
Entre el jueves 8 de diciembre y el sábado 10 de diciembre de 1977 un grupo de militares bajo el mando de Alfredo Astiz secuestró a un grupo de personas vinculadas a las Madres de Plaza de Mayo, entre las cuales había dos de las madres. Al secuestrarse a las primeras dos madres, Azucena Villaflor, una de las fundadoras de la organización, expresó la necesidad de publicar una solicitada en el diario, denunciando lo que sucedía, sabiendo del riesgo que corría y expresando que a ellas tal vez las buscarían, pero mientras tanto no habría quién buscara a los hijos, si no se conocía y denunciaba el terrorismo de estado. Finalmente al día siguiente fue secuestrada en la esquina de su casa en Avellaneda por el Grupo de Tareas 3.3.2 de la Escuela de Mecánica de la Armada. Volvía de comprar el diario donde las Madres habían publicado su primer solicitada.
 
“…la desaparición de Azucena, de Mary y de Esther, casi nos hizo tambalear…” diría tiempo después Hebe de Bonafini. “…lo hicieron para liquidarnos, ellos no pensaron que nosotras íbamos a seguir. De esas Madres lo que hay que saber es que se llevaron las tres mejores Madres que teníamos, porque nosotras veníamos todas de no saber nada, pero  Azucena venía de una familia peronista muy combativa, que ya había vivido mucha presión la familia Villaflor, ella ya había sido sindicalista, trabajaba en una compañía de telefonía y era del sindicato; Mary Ponce trabajaba en la base de la Iglesia del Tercer Mundo y Esther Balestrino de Careaga era una bioquímica que venía huyendo de Paraguay. Ella vino y nos dijo que se llamaba Teresa, era una mujer súperinteligente. Nosotras le decíamos que teníamos miedo, pero ella tenía un convencimiento político impresionante. Conocía todo, sabía de todo, te explicaba todo…” recordó Hebe.
 
El grupo secuestrado en ese inicio de la lucha estaba integrado por Azucena Villaflor de De Vincenti, Esther Ballestrino de Careaga, María Ponce de Bianco, las monjas Alice Domon y Léonie Duquet, todas ellas desaparecidas.
 
Hebe nos dirá “…Le prometimos a los hijos que no los íbamos a abandonar, y no los hemos abandonado, les prometimos que no iba a haber un solo militar que pudiera salir a la calle a poner un cartel o una foto, y no han podido, llenamos la ciudad con las fotos de nuestros hijos, con sus hermosos rostros, con sus hermosos ojos, con sus sueños y con sus esperanzas, sin nombres, porque las Madres, socializamos la maternidad. Mientras muchos ponían una excusa, había pocos que querían reconocer que a sus hijos se los habían llevado porque hacían algo, porque estaban comprometidos, porque amaban un mundo más justo, un mundo mejor. A los pibes de la Noche de los Lápices, a los trabajadores, a esos sindicalistas honestos, serios, grandiosos, que hacían sentir que el trabajo era lo mejor que nos podía pasar, por ese compromiso se los llevaron. Entonces empezamos a llevar denuncias para cien, doscientos. Los jueces nos decían "¿ustedes saben lo que están haciendo?” y nosotras respondíamos “¡Claro!”. Esta acción, a cada Madre le llevó su tiempo. Nuestros hijos eran alegres, eran felices, trabajaban, nunca estaban cansados, estudiaban y tenían una militancia muy activa. Cada Madre tomó su tiempo, pero poco a poco, todas nos sentimos orgullosas, grandes, por tener tantos hijos, por reivindicarlos, por decirle al mundo entero que es mentira lo que decian de ellos, que se jugaron el todo por el todo. Cuántas veces ellos nos repitieron “…no importa, mamá, cuánto tiempo uno viva, sino para qué y por qué uno está viviendo…”. Y es verdad, tenemos un orgullo inmenso de tener estos hijos…”.

Valga este humilde recuerdo a un mojón imposible de obviar en la historia de la dignidad y la lucha de nuestro pueblo argentino.