Santa Fe, Domingo 24 de septiembre de 2017

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03-04-2017

Venezuela y la Democracia

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Analizar la actualidad venezolana, no puede hacerse sin conocer parte de su historia reciente, y saber de la explosión de su sistema político elitista, que funcionó desde 1958 hasta 1998, y de la constante vocación golpista que desde entonces lleva adelante la derecha de ese país, heredera del viejo sistema político venezolano repudiado por su pueblo hace casi 20 años.

Venezuela, fue tal vez el primer país de Suramérica, donde el sistema de alternancia bipartidista, compartido por Acción Democrática de Carlos Andrés Pérez y COPEI de Rafael Caldera, explotó, después de haber envuelto en la miseria a su pueblo, a partir de la corrupción de su dirigencia. 
 
La decisión de la Corte Suprema de Justicia Venezolana, del 20 de mayo de 1993, al suspender de sus funciones al Presidente Pérez para dar curso a un juicio por peculado y malversación de fondos públicos, puso en la presidencia provisional a Ramón José Velázquez, y luego al gobierno del Presidente Caldera, electo en diciembre de 1993.
 
Tiempo despues, en 1998  Hugo Chávez fue electo presidente de Venezuela, mientras el gobierno de Estados Unidos le negaba una visa para participar en algunas entrevistas televisadas en el país norteamericano. 
 
El primer ataque real, a la nueva democracia venezolana se dió el 11 abril 2002, financiado y diseñado por muchos de los sectores que hoy integran la Mesa de Unidad Democrática de Venezuela. Aquel intento de Golpe de Estado fracasó, y el pueblo rescató la democracia y a su presidente en menos de 48 horas. Entonces, los opositores a Chávez, entendieron que el modelo clásico de Golpe de Estado, ya no era una variante para desestabilizar Gobiernos Populares en América Latina.
 
Similares procesos al venezolano, se sucederían después en la mayoría de los países del continente, dando origen a lo que algunos sectores denominaron, el “proceso  populista”, que culminó en la nueva institucionalidad de la Región, plasmada en UNASUR a partir de 2008, estrategia pensada ya en la década del 40 por el General Perón.
 
El tiempo pasó y en Agosto de 2004, la oposición impulso un referéndum revocatorio, pero el pueblo votó a favor del chavismo con un voto de 60-40.
 
En enero 2005, la nueva Secretaria de Estado, Condoleezza Rice, dijo que Chávez era “una amenaza” para la región. Justo después, la Agencia Central de Inteligencia (CIA) colocó a Venezuela en su lista de los “Top 5 Hot Spots” (5 lugares más inestables) del mundo. Unos meses luego, el reverendo estadounidense Pat Robertson declaró públicamente que era mejor “asesinar” a Chávez, en lugar de iniciar una guerra contra Venezuela, que costaría millones de dólares “a los contribuyentes”.
 
En Noviembre de ese 2005, se llevaría a cabo la IV Cumbre de Presidentes de América en Mar del Plata, con Néstor Kirchner como anfitrión. Los presidentes Bush, de Estados Unidos, y Fox de México, promovían el Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA). Sin embargo, con la oposición mayoritaria de los nuevos gobiernos de Argentina, Brasil, Bolivia, Ecuador, y Uruguay, el ALCA naufragaría esos días y se intensificaría la presión contra Venezuela. 
 
En Febrero de 2006, el entonces Director Nacional de Inteligencia, John Negroponte, se refirió a Venezuela como un “peligro” para Estados Unidos, y el Secretario de Defensa Donald Rumsfeld comparó a Chávez con Hitler. A pesar de ello, en diciembre 2006, Chávez fue reelecto con el 64% de los votos. 
 
En ese 2008, el Pentágono reactivó la Cuarta Flota de la Armada, la comandancia militar estadounidense encargada de América Latina y el Caribe. Había sido desactivada en 1950 y no funcionaba desde entonces, y luego, en 2010, Washington acordó con Colombia establecer 7 bases militares propias en el territorio colombiano. Un documento oficial de la Fuerza Aérea de Estados Unidos justificaba estas bases debido a la “amenaza de los gobiernos anti-estadounidenses en la región”.
 
En la prensa internacional, decían que Chávez era un dictador, tirano, autoritario, narco, anti-americano, terrorista, pero nunca presentaron pruebas para tan peligrosos sobrenombres. Convirtieron la imagen de Venezuela en violencia, inseguridad, crimen, corrupción y caos, sin mencionar ninguno de sus logros y avances sociales, ni las causas de las desigualdades sociales, heredadas de la “añorada” antigua democracia venezolana.
 
El 7 de Octubre de 2012, Hugo Chávez volvió a ser respaldado masivamente por su pueblo. Fue reelecto al obtener el 54.32 por ciento de los votos. Tiempo después moriría, el 5 de Marzo de 2013, y asumiría la presidencia su entonces vicepresidente y ex Canciller, Nicolás Maduro Moros.
 
El 14 de Abril de 2013, Maduro seria electo por el pueblo venezolano para presidir el país hasta el 2019, según indica la Constitución de Venezuela.
 
La “oposición democrática” inició poco tiempo después, una estrategia denominada “La Salida”, que buscaba destituir al Gobierno electo, y cuyas manifestaciones fuera del control de sus convocantes, dejaron como saldo 43 muertos.
 
El 30 de marzo de 2017, luego de varias advertencias, el Tribunal Superior de Justicia (TSJ) de Venezuela, asumió las funciones del Poder Legislativo, de mayoría opositora.
 
La oposición venezolana, la cual desconoció desde 1998 todos y cada uno de los resultados electorales, y los procesos políticos democráticos que emergieron de ellos, denuncia hoy un “Golpe de Estado”.
 
Es cierto que el Gobierno de Nicolás Maduro, ha cometido innumerables errores políticos y llevado adelante una desafortunada política económica, pero es más cierto aún que la nula voluntad democrática, de la oposición venezolana, ha profundizado este proceso en lugar de aportar ideas y soluciones al mismo.
 
Su obcecación autoritaria, ha tratado de impedir, con escaso apoyo popular por cierto, el funcionamiento de los Gobiernos de Chávez entonces y de Maduro ahora. Su vocación constante, de propiciar interrupciones democráticas, mediante alternativas autoritarias de distinto tipo, no contribuyen a la situación.
 
Oficialistas y opositores venezolanos, debieran entender, que en Diciembre de 2018 habrá elecciones democráticas, para elegir al sucesor de Maduro. Ese es el tiempo y el lugar, donde el pueblo venezolano, debe decidir soberanamente a su nuevo presidente.
 
Alternativas nefastas y autoritarias, como las interrupciones de los mandatos constitucionales de Fernando Lugo en Paraguay y de Dilma Rousseff en Brasil, son episodios que no deben ser reivindicados ni justificados de ningún modo, y mucho menos, imitados. 
 
La democracia no es unidimensional, y la oposición venezolana, como la mujer del Cesar, además de decirse democrática, deberá parecerlo.