Santa Fe, Domingo 17 de diciembre de 2017

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23-10-2017

Populismo Módico

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El análisis preliminar, de los resultados de las elecciones argentinas del último domingo 22 de octubre, nos permite iniciar un debate sobre algunas conjeturas y varias dudas.

Más allá de la obvia observación del buen resultado obtenido por Cambiemos, la fuerza del Presidente Macri, es necesario recordar que su condición de ganadores, siendo una primera minoría con solo el 39 por ciento de los votos a nivel nacional, es clara consecuencia de la desarticulación del voto peronista. 
 
Proceso iniciado en 2013, con la aparición del Frente Renovador y profundizado en 2015 y más aun en 2017, ya con Macri en la Presidencia.
 
Un solo dato alcanza para iniciar este debate, que solo aspira a ser un disparador. En 2011, la lista de Diputados Nacionales del Frente para la Victoria, conteniendo entonces, al sector sindical liderado por quien era Jefe de la Confederación General del Trabajo, Hugo Moyano, al del Ministro del Interior Florencio Randazzo, y al del hasta 2009 Jefe de Gabinete del Gobierno de Cristina Fernández de Kirchner, y por entonces Intendente de Tigre, Sergio Massa obtuvo el 57 por ciento de los votos.
 
En 2015 si sumamos los votos de la lista del Frente para la Victoria a los del Frente Renovador UNA de Sergio Massa, escindido del oficialismo en 2013,  obtienen el 57 por ciento de los votos, 37 y 20 por ciento respectivamente. 
 
En 2017, la sumatoria de las distintas listas que impulsaron como candidatos a Senadores Nacionales a Cristina Fernández de Kirchner, a Sergio Massa y a Florencio Randazzo, da como resultado la representación del 54 por ciento de los bonaerenses, 38, 11 y 5 por ciento respectivamente, 13 puntos porcentuales por encima de Cambiemos.
 
Es decir, que existe una representación estable de sectores referenciados en el peronismo y sus aliados bonaerenses, que se sitúa por encima del 50 por ciento y allí se mantiene en varias elecciones consecutivas. La fragmentación de la estrategia electoral de estos sectores, es lo que ha permitido que Cambiemos obtenga los triunfos de 2015 y 2017.
 
Sin pretender aquí la búsqueda de explicaciones más profundas o responsables de esta dispersión, es bueno recordar algunas tradiciones del peronismo.
 
En primer lugar podríamos decir que el peronismo nunca fue afecto a grandes relatos ideológicos, ni a su localización política en las tradicionales dicotomías de izquierda y derecha.
 
El peronismo, concebido fundacionalmente en una movilización popular gregaria y poli clasista, siempre tuvo la tradición de su teorización ex post. Es decir la búsqueda de una explicación permanente y trasmisible, de un hecho social o político producido por sus millones de adherentes luego de sucedido, y de hecho nunca construyo teorizaciones dogmaticas que lo sacaran de su lugar de movimiento político y lo colocaran en la lógica de partido político de cuadros con organización liberal o marxista tradicional, a lo que nunca fue afecto.
 
El peronismo, lucho mucho en lo político, en lo cultural y en lo teórico, contra la idea extendida  de “la manipulación de las masas”, idea con la que fue agredido de modo permanente y sistemático desde el propio 17 de octubre. Construyo un anticuerpo para ello, tal vez su único dogma permanente. EL PUEBLO NUNCA SE EQUIVOCA. Entendido más que como una frase, como una metodología de profunda autocritica permanente, interna y dirigencial, de sus derrotas electorales. Volver a escuchar reflexiones referidas a la “la manipulación de las masas”, para explicar una derrota, asombra por lo menos.
 
El peronismo siempre tuvo un profundo respeto y admiración por “lo cuantitativo” renegando de las expresiones ideológicas que plantearon “lo cualitativo” como una virtud política, que el peronismo nunca considero relevante por sí misma. 
 
Referencias a conceptos como “verdadera oposición” lo acercan peligrosamente a un lugar de minoría testimonial permanente, alejado de aquella tradición en que se describía a sí mismo como “alternativa de poder”. La idea de “oposición responsable” no suena mejor y ambos conceptos refieren básicamente a una situación que en los hechos, se parece mucho a impotencia política, y a la dificultad de construir un diseño electoral, que amenace la voluntad de poder eterno, que manifiesta Cambiemos.
 
Tal vez el peronismo deba repensar en profundidad estas tradiciones, donde “la unidad en la diversidad” vuelva a ser la opción política que lo saque de los incómodos lugares del  “testimonio de la injusticia” o de la “ayuda en la gobernabilidad” y lo recoloque nuevamente en ser “la alternativa de poder” que siempre fue.
 
En este mundo globalizado y cruel con los débiles y los trabajadores, constituir una herramienta político electoral que permita competir con chances de triunfo en 2019, debiera ser una prioridad superior, aun a sabiendas que esa pluralidad lo coloque ante un  programa de gobierno humilde pero posible, un programa de gobierno de un POPULISMO MODICO, que aun en la descalificación que le asignen, pondría al pueblo argentino, en condiciones de respeto y dignidad, muy olvidadas en este presente, y muy necesarias de recuperar.