Santa Fe, Jueves 3 de diciembre de 2020

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16-11-2020

Perú y la reivindicación de la política

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Por Marcelo Brignoni para La Tecl@ Eñe Revista. El masivo repudio callejero y social al Golpe Parlamentario, perpetrado por Acción Popular y sus secuaces contra Martín Vizcarra, derivó en la designación de Francisco Sagasti como nuevo presidente del Congreso, quien asumirá automáticamente como jefe de Estado según marca la constitución ante la vacancia de Vizcarra. Una pequeña venganza de la política para con los empleados del poder económico que suelen habitar el congreso peruano. https://lateclaenerevista.com/peru-y-la-reivindicacion-de-la-politica-por-marcelo-brignoni/

Paradojalmente, a exactamente 20 años de que un día como hoy, el 16 de noviembre del año 2000, Valentín Paniagua de Acción Popular (el mismo partido del fugaz Manuel Merino) fuera elegido como presidente del Congreso y luego presidente de transición, tras la renuncia desde Brunei de Alberto Fujimori tres días antes, el episodio vuelve a repetirse.
 
Perú tiene una democracia de fragilidad manifiesta, absolutamente cooptada por el poder económico que cuenta con el Poder Judicial y el Congreso como sus brazos ejecutores.
 
Hace apenas días, con 105 votos a favor, 19 en contra y 4 abstenciones, el pleno Congreso de la República del Perú aprobó vacar (echar) a Martín Vizcarra, presidente en ejercicio, por la causal de incapacidad moral permanente. Para prosperar como lo hizo, esa moción requería alcanzar 87 votos favorables. La cifra fue superada por 18 votos.
 
El único Bloque Parlamentario que se opuso orgánica y unívocamente a la destitución de Vizcarra fue el del Partido Morado, liderado por Francisco Sagasti, quien este 16 de noviembre fue elegido para presidir la Mesa Ejecutiva del Congreso Peruano, en los hechos la Presidencia de la República durante la transición.
 
El masivo repudio callejero y social al Golpe Parlamentario, perpetrado por Acción Popular y sus secuaces de Fuerza Popular, el partido residual de Fujimori, el Frente Popular Agropecuario del Perú, la representación parlamentaria de la secta mesiánica fundada en 1968 por Ezequiel Ataucusi, el autodenominado “Cristo de Occidente” y hoy liderada por su hijo y la Unión por el Perú, dirigida por el “reservista moral” del Congreso, José Vega, hizo que la breve presidencia de Manuel Merino, un oscuro congresista que solo contaba con 5600 votos en la circunscripción de Tumbes, donde fuera electo, durará solo 122 horas y 17 minutos.
 
Los históricos choques entre el gobierno y el congreso habían hecho que, ya en 2019, el presidente Vizcarra disolviera el Congreso de entonces.
 
Ex Gobernador de Moquegua y ex vicepresidente de otro “renunciado” aquel 23 de marzo de 2018 y actual inquilino de la prisión preventiva, Pedro Pablo Kuczynski, Vizcarra volvía de su excursión en la embajada peruana en Canadá para asumir el gobierno.
 
El cronograma electoral que Vizcarra pretendía llevar adelante para culminar en las elecciones del 11 de abril de 2021 tenía y tiene, dos fechas límite que aceleraron todo. El 9 de diciembre 2020 deben presentarse las alianzas electorales. El 22 de diciembre las candidaturas. La carencia de candidatos de los golpistas y sus “angustias judiciales” consolidaron el golpe.
 
Las protestas masivas, muy superiores a las sucedidas en episodios similares en el pasado, dinamitaron el golpe desde las calles. La brutalidad represiva, con dos jóvenes asesinados, noventa heridos -varios graves- y ocho desaparecidos, extendió el repudio a lo largo de todo el país.
 
Merino debió renunciar y se inició un tiempo de vacío de poder que este lunes 16 de noviembre tuvo una primera sutura.
 
Francisco Sagasti, el líder del Partido Morado, la única fuerza que orgánica y explícitamente se opuso al golpe parlamentario liderará la transición hasta las elecciones del 11 de abril. El ingeniero de 76 años que trabajó para el Banco Mundial, fue elegido como nuevo presidente del Congreso, pero asumirá automáticamente como jefe de Estado, según marca la constitución ante la vacancia de Vizcarra, ya resuelta.
 
Una pequeña venganza de la política para con los empleados del poder económico que suelen habitar el congreso peruano, un repudio institucional al proceso que culminó con la destitución de Vizcarra. Una alegría en las calles de Lima, una casi segura tristeza en el barrio de San Isidro.
 
Queda por saber qué pasará con Vizcarra. Más allá de su zigzagueante pasado desde sus tiempos de gobernador de Moquegua, hoy ostenta niveles de reconocimiento popular visibles.
 
La Constitución del Perú, otro “legado” de Fujimori, dice que la Presidencia del Perú es ejercida por un período de 5 años sin posibilidad de reelección inmediata. Luego de un período constitucional, como mínimo, quien haya ejercido el cargo puede volver a postularse. El cambio de mando debiera realizarse cada cinco años, siempre el día 28 de julio, en el Congreso de la República.
 
El Tribunal Constitucional deberá expedirse sobre si Vizcarra puede o no ser candidato. En principio parecería que no, pero todos los a priori en la frágil institucionalidad peruana, suelen ser temerarios.
 
El 22 de diciembre sabremos quienes serán los candidatos para presidir Perú, el 11 de abril el pueblo lo decidirá. El 28 de julio de 2021, tal vez el Perú haya recompuesto su tejido democrático.
 
La victoria popular contra el golpe, lograda en las calles primero e institucionalizada en el Congreso este lunes, deberá trasuntarse también en una opción electoral unitaria y popular.
 
La unidad del Frente de Todos en Argentina permitió volver al gobierno, la unidad del MAS en Bolivia, recuperar la democracia el último 18 de octubre. La unidad del Frente Amplio en Uruguay mantener las dos más importantes intendencias de ese país, Montevideo y Canelones. La dispersión de Brasil motivó una elección muy mala para la izquierda y el campo popular de ese país.
 
Las enseñanzas y las opciones en la región están a la vista. Para que Perú, el pueblo más amigo de Argentina de toda la región, pueda volver a tener un gobierno del pueblo no basta tener razón, hay que demostrar esa mayoría en las urnas. Ese es el desafío que se viene, construir una propuesta unitaria y popular, de cara a las elecciones del 2021.
 
El digno suicidio de Alan García a lo mejor dejó un debate latente en la sociedad peruana. La vocación de resistir en las calles de parte de su pueblo logro este primer avance.
 
Nadie nunca le regaló la democracia a nuestra América Latina. Solo la lucha popular organizada nos traerá mejores condiciones de vida.